miércoles, 1 de diciembre de 2010

Que hermosa tarde que pase a tu lado amigo mío, llegaste y mi sonrisa es automática, grande, llena de felicidad. Parlamos de todo, nos desahogamos. Sacamos fotos con tu celular, nos reímos a mas no poder con mis idioteces, y seguíamos charlando mientras me pintaba las uñas de azul petróleo.

Llego la hora de la comida. Si comí, una porción de tortilla de papas, y ahí empezó la revolución, me dolía el estómago, maldecí como una hora ese dolor que no me dejaba en paz, no me dejaba pensar. Se acercaba la tormenta, amo las tormentas! Me dijiste que te acompañara a tomar el colectivo, yo gustosa acepte, es hermoso caminar debajo de la lluvia, salimos a los trotes, riéndonos de que el viento me llevaba. Llegamos a la esquina y el agua helada recorría nuestras espaldas. Nunca fui tan feliz con cosas tan simples como estar con mi mejor amigo debajo de la lluvia esperando un colectivo.

Volví a casa, cansada, con el estómago reprochándome cosas, y me acosté. A continuación le mande un mensaje a L, no recuerdo muy bien que decía, pero creo que repetía lo mismo de siempre, “no puedo estar con vos, no vengas a buscarme”, me fundió el sueño y no escuche que me contestaste, después de una hora abrí los ojos, me levante, apague el televisor donde miraba Dr.House, y vi que tenía un mensaje tuyo, no lo leí, es más lo borre. Quiero terminar con todo esto de una vez. Ser esa chica alegre que alguna vez fui, rodeada de amigos, de momentos hermosos.

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