jueves, 2 de diciembre de 2010

Cuando alguien muere debería haber un impacto en el mundo, no deberían estar solos, alguien debería ponerse triste. Alguien se pondrá triste el día que yo muera? Son increíble las cosas que pensamos cuando estamos deprimidos.

Desesperada busque algo con que matar la ansiedad, no encontraba nada, no me dejan pastillas a mi alcance. Pero no se iban a salir con la suya, si no tengo lo que quiero enloquezco, seguí revisando todos los cajones de mi casa, y aleluya! Encontré dieciocho pastillas que introduje en mi boca con gran alivio, al mismo tiempo eran desplazadas hacia mi estómago con cinzano puro. Prepare las cosas para bañarme, y sentía que flotaba, mi cuerpo era liviano como una pluma, me sentía en otro mundo. Termine de hacer lo que debía y agarre mis cosas y fui a la parada del colectivo, me senté, mi corazón latía muy fuerte, podía sentir su latido por todo mi cuerpo. Casi sucumbo al suelo por el mismo peso de mi cuerpo al querer subir al bondi, una hora después llegue a puerto seguro, la casa de mariano, donde me senté en la vereda y ya no sabía qué hora era, que me pasaba y quien era mariano. Me retaste un largo rato recuerdo mientras íbamos a buscar a Lisi a la parada para irnos al centro. Sentía que mientras caminaba volaba, ya no era yo quien controlaba mi cuerpo eran las pastillas que me hicieron feliz al menos unas horas, hasta que termine vomitando en el inodoro de la macarena, era un desastre, no era yo, era una desconocida.

Pero una vez más aquí estoy, me podría haber muerto de un paro al corazón, no miento, latía de una forma descontrolada y desconocida para mí hasta ese momento, era una arritmia imposible de controlar por más que me dijera a mí misma “respira hondo por nariz, y exhala por la boca”. Quizás si ese domingo moría mucha gente se hubiera puesto triste, pero al fin terminaría con toda esta angustia, con todo el sufrimiento que hago pasar a mi familia.

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