martes, 30 de noviembre de 2010

Te vi llorar, y comprobé que me amas. No me gusta verte llorar, pero muy en el fondo lo disfrutaba, disfrutaba que sientas al menos un cuarto del dolor que yo siento, mírame a los ojos de una vez y no mientas nuevamente, es lo único que pido como condición para que te puedas quedar a mi lado.

Tengo los ojos hinchados, rojos, me arden, pero más me duelen tus actitudes, de andar diciendo que soy “una pendeja de mierda”. Sabes una cosa? Sí, soy una pendeja de mierda, pero me amas, no lo podes evitar, y te perfora el alma que te rechacé, que te diga las cosas como son, que por más que nos queramos mucho no podemos estar juntos. Nos dormimos a las 4 de la mañana creo, estaba demasiado bloqueada como para saber qué hora era, el llanto me consumía, sentía nuevamente como algo desgarraba mi piel lentamente. Se me parte la cabeza, pero comparado con la angustia que siento no es nada. Leí los mensajes de tu celular, me causaron mucha gracia algunas acusaciones que no tienen final, y por cómo van las cosas no van a tener un final en mucho tiempo.

Sonrió nuevamente cuando pienso que dentro de unas horitas voy a estar con mi mejor amigo, Mariano! El me entiende, pobre de ti que has pasado noches en vela por escucharme, perdóname, gracias, te amo. Tanto haces por mí que no me alcanzan las palabras para describir todo lo que te quiero, nunca te alejes.

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